jueves, 15 de noviembre de 2012
domingo, 4 de noviembre de 2012
Marathon du Grand Toulouse 2012
¡Estoy vivo! Sufrí, sufrí mucho pero lo logré.
Tu Lus, domingo 28 de octubre, 8:45 a.m.
Tu Lus, domingo 28 de octubre, 8:45 a.m.
Cuatro meses de entrenamiento me permitieron recorrer los primeros treinta kilómetros sin el menor contratiempo: ritmo perfecto, respiración controlada, velocidad respetable, buen humor. En cambio, los últimos cinco fueron una pesadilla: calambres, cansancio absoluto, odio a la humanidad. Aún así logré llegar antes de lo que había planeado: 3 horas, 13 minutos, 50 segundos.
El disfraz: Camiseta chingona, short chingón, calcetines chingones,
tennis chingones, muñequera para el sudor, boleto del metro,
reloj con cronómetro, pulsera marca-tiempo.
Y algo de comer: Unos pistachos, un snicker.
Los tiempos quedaron así:
1. El gran ganador: Benjamin Bitok (Etiopía), 02:12:21.
5. El primer francés: Cédric Pellicier (Francia), 02:19:26.
16. La primera mujer: Nataliya Lehonkova (Ucrania), 02:38:21.
333. Yo merengues: DD (México ¡a güevo!), 03:13:50.
2649. Y al final: Michael Oguntke (?), 06:11:20.
¡Ándale, le iba pisando los talones al tal Benjamin!
En alguno de los 42 kilómetros
Esto ya se convirtió en un vicio. Aunque el cansancio duró el resto del domingo, lunes y martes; y aunque volví a caminar normalmente hasta apenas hace poco, no veo el momento de correr otra vez. Esto apenas empieza.
domingo, 21 de octubre de 2012
Marathon du Grand Toulouse: Día - 7
Dicen los que saben que en el entrenamiento para un maratón hay que repartirse algo así como 50 km a lo largo de la semana incluyendo una carrera larga el fin de semana. Por otro lado, también recomiendan descansar el último fin de semana justo antes de la carrera. Hoy es ese último fin de semana así que en lugar de correr me quedo en casa y escribo aquí.
Wikipedia informa:
- Un maratón es una prueba atlética de resistencia con categoría olímpica que consiste en correr una distancia de 42.195 metros.
- Su origen se encuentra en el mito de la gesta del soldado griego Filípides, quien en el año 490 a. C. habría muerto de fatiga tras haber corrido unos 40 km desde Maratón hasta Atenas para anunciar la victoria sobre el ejército persa. ¡Que motivante!
- El récord del mundo en el maratón masculino pertenece al kenyano Patrick Makau. El 25 de septiembre de 2011 terminó el maratón en 2 horas, 3 minutos y 38 segundos.
- El récord del mundo en el maratón femenino pertenece a la inglesa Paula Radcliffe. El 13 de abril de 2003 terminó el maratón en 2 horas, 15 minutos y 25 segundos.
- En Toulouse, el récord anda entre 2h 10 y 2h 15.
- Durante el maratón, uno puede golpear el muro. Esta expresión se utiliza en deportes de resistencia como el atletismo y el ciclismo y se refiere a una situación en la que el rendimiento físico se deteriora bruscamente a causa del agotamiento de las reservas de glucógeno del hígado y los músculos. Los síntomas ocasionados por el agotamiento de glucógeno incluyen fatiga general, debilidad muscular, hipoglucemia, mareo y alucinaciones. ¡Cámaras!
Ahí lo tienen. Wikipedia no es precisamente muy alentador pero también hay que decir que el riesgo de morir o tener alucinaciones durante la carrera la hacen aún más excitante.
Semana previa a mi primer maratón: Concentración, reposo, muchos carbohidratos, cero alcohol.
Objetivo: Llegar (de preferencia, corriendo).
Objetivo: Llegar (de preferencia, corriendo).
jueves, 18 de octubre de 2012
domingo, 14 de octubre de 2012
Stupeur et tremblements
Hay cosas que llegan solas. Probablemente aquellas que estaban destinadas a llegar. Una de mis primeras lecturas en francés fue la novela Acide Sulfurique de Amélie Nothomb, que fue un regalo de uno de los primeros franceses que conocí (aquel francés que luego se enamoró de una coreana). Emocionado por el regalo y por el reto que significaba, empecé a leer. Desafortunadamente mi francés era aún demasiado rústico y no entendía gran cosa, la lectura se detenía cada dos lineas y, en ocasiones, aún sabiendo el significado de cada palabra de una oración, simplemente no la entendía. Y ahí quedó.
Llego a Tu Lus y una breve visita a una librería bastó para darme cuenta de que Amélie Nothomb es bastante conocida. Aún así, tuvieron que pasar dos años antes de que me volviera a interesar en ella. En un buen rato de ocio me encontré en la tele un programa en el que entrevistaban a la mentada Amélie. Su apariencia y su voz (una especie de Morticia francesa), su memoria prodigiosa y sus respuestas rápidamente me cautivaron. Me quedé pensando en ella y en mi frustrante primer contacto con su obra. Tenía que darle una segunda oportunidad. Buscando por aquí y por allá llegó a mis manos el título que la hizo famosa: Stupeur et tremblements, que comienza así:
Monsieur Haneda était le supérieur de monsieur Omochi, qui était le supérieur de monsieur Saito, qui était le supérieur de mademoiselle Mori, qui était ma supérieure. Et moi, je n'étais la supérieure de personne.
On pourrait dire les choses autrement. J'étais aux ordres de mademoiselle Mori, qui était aux ordres de monsieur Saito, et ainsi de suite, avec cette précision que les ordres pouvaient, en aval, sauter les échelons hiérarchiques.
On pourrait dire les choses autrement. J'étais aux ordres de mademoiselle Mori, qui était aux ordres de monsieur Saito, et ainsi de suite, avec cette précision que les ordres pouvaient, en aval, sauter les échelons hiérarchiques.
Ainsi, dans la compagnie Yamamoto, j'étais aux ordres de tout le monde.
(El señor Haneda era el superior del señor Omochi, que era el superior del señor Saito, que era el superior de la señorita Mori, que era mi superior. Y yo no era la superior de nadie.
Podemos decir las cosas de otra manera. Yo estaba a las órdenes de la señorita Mori, que estaba a las órdenes del señor Saito, y así sucesivamente, con la precisión que las órdenes podían, además, saltar los escalones jerárquicos.
Así pues, en la compañía Yamamoto, yo estaba a las órdenes de todo mundo.)
(El señor Haneda era el superior del señor Omochi, que era el superior del señor Saito, que era el superior de la señorita Mori, que era mi superior. Y yo no era la superior de nadie.
Podemos decir las cosas de otra manera. Yo estaba a las órdenes de la señorita Mori, que estaba a las órdenes del señor Saito, y así sucesivamente, con la precisión que las órdenes podían, además, saltar los escalones jerárquicos.
Así pues, en la compañía Yamamoto, yo estaba a las órdenes de todo mundo.)
En estas lineas, donde ya se adivina un humor particular, se anuncia el terrible destino que le espera a la narradora. La autora presta su nombre a su protagonista y de paso le da unos antecedentes propios que justifican la presencia de una joven belga en una compañía japonesa (al parecer, Amélie Nothomb pasó algunos años de su infancia en Japón).
Amélie, llena de ingenuidad y buena voluntad, intentará integrarse a la compañía que no sólo no le permitirá superarse profesionalmente sino que la hundirá gradualmente hasta relegarla a la limpieza de las tazas del baño. En esta especie de descenso al infierno nuestra protagonista se asoma a los límites de su lucidez y aunque siempre procura mantener su dignidad pase lo que pase, hay algunos pasajes de una tristeza y una crueldad absolutos en los que nuestra valiente protagonista inevitablemente se derrumba. Pero Amélie sobrevivirá. Y se despedirá de la compañía no sin antes despedirse de su principal verdugo, mademoiselle Mori (de cuyo rostro Amélie está profundamente enamorada), de la forma mas sádica posible: sin quejarse y reconociendo que ella, su superior, siempre tuvo razón. En la novela está el delicioso secreto que explica esta misteriosa venganza...
Todavía no entiendo bien porqué terminé encantado con la novela. Tal vez por el buen humor de su protagonista. Tal vez por su desenfado. Tal vez por la dignidad que la mantuvo de pie. Tal vez porque yo soy así. Tal vez porque yo no soy así.
domingo, 30 de septiembre de 2012
L'enfant de sable
L'enfant que tu mettras au monde sera un mâle, ce sera un homme, il s'appellera Ahmed même si c'est une fille !
(¡La criatura que traerás al mundo será un varón, un hombre, se llamará Ahmed incluso si es una niña!).
-Tahar Ben Jelloun
El libro y el separador
Con motivo del viaje a Marruecos pensé que era buena idea conseguirme una lectura de algún autor marroquí para intentar disfrutar un poco de literatura magrebí precisamente en tierras magrebíes. Buscando por aquí y por allá me encontré con Tahar Ben Jelloun, escritor marroquí nacido nada menos que en Fès. Justo lo que necesitaba.
En una plaza de Marrakech, se narra la historia de Ahmed, octava hija de una pareja que, hundida en la desesperación por no tener varones, decide educar a su última hija como si fuera un hombre. La premisa atrapa y revela de golpe una cultura donde la mujer está resignada a recibir órdenes y obedecer. Ahmed, con plena conciencia de su feminidad pero continuando con la farsa que le ha sido impuesta, dice:
C'est vrai ! Dans cette famille les femmes s'enroulent dans un linceul de silence..., elles obéissent..., mes soeurs obéissent; toi, tu te tais et moi j'ordonne ! Les filles, elles sont là, vont et viennent, rasant les murs, attendant le mari providentiel..., quelle misère !
(¡Es verdad! ¡En esta familia las mujeres se envuelven en un manto de silencio..., obedecen..., mis hermanas obedecen; tú te callas y yo ordeno! Mis hermanas están ahí, van y vienen, rozando los muros, esperando al marido providencial..., ¡qué miseria!).
Al principio es el narrador de la plaza de Marrakech el que cuenta la historia. Su relato se mezcla con la lectura de un diario en el que Ahmed volcó todos sus secretos, sus crisis y donde describe la profunda tristeza en la que desemboca una negación permanente de su verdadero ser. Después, el narrador desaparece. La historia es retomada por diversos personajes que cuentan cada uno su versión (entre ellos, al parecer, el mismo Ahmed, reconvertido en la mujer que estaba destinado a ser). Hacia el final de la novela, el narrador original vuelve a aparecer y anuncia las terribles penurias que sufrió por haber contado una historia que debía permanecer secreta. Del diario sólo quedan algunos fragmentos.
La de Ahmed es una historia que no concluirá.
sábado, 22 de septiembre de 2012
Africa: Marruecos
Hace algunos años conocí a un apuesto marroquí que hablaba de polinomios, variedades, anillos e ideales. Seducido por su pronunciación del español, hice lo que tenía que hacer para convertirme en su estudiante. Pasó el tiempo, muchas matemáticas y mucho alcohol. El mismo apuesto marroquí organizó un congreso en su país natal y me invitó. Así llegué por primera vez en mi vida a Africa.
El congreso
Dos semanas de cursos sobre singularidades de curvas y superficies, introducción al lenguaje de esquemas, transformaciones de Cremona y singularidades de foliaciones. Y una hora al día: taller de preguntas y respuestas dirigido por Ana Belén y yo merengues. La primera semana Ana Belén se hizo cargo y yo más o menos la asistía. La segunda semana me quedé solito y perdí más cabello que en una semana cualquiera. Pero ahí estuve, aguantando vara. Afortunadamente los cursos eran más bien introductorios y cuando la cosa se complicaba doña Evelia, don Spivakovsky, don Guillot, don Aroca, don Snoussi o don Loray le entraban a los trancazos. A este ritmo se fueron dos semanitas de buenas mates.
Todo lo demás
El congreso
Dos semanas de cursos sobre singularidades de curvas y superficies, introducción al lenguaje de esquemas, transformaciones de Cremona y singularidades de foliaciones. Y una hora al día: taller de preguntas y respuestas dirigido por Ana Belén y yo merengues. La primera semana Ana Belén se hizo cargo y yo más o menos la asistía. La segunda semana me quedé solito y perdí más cabello que en una semana cualquiera. Pero ahí estuve, aguantando vara. Afortunadamente los cursos eran más bien introductorios y cuando la cosa se complicaba doña Evelia, don Spivakovsky, don Guillot, don Aroca, don Snoussi o don Loray le entraban a los trancazos. A este ritmo se fueron dos semanitas de buenas mates.
Todo lo demás
Un par de semanas en Fès, un día de paseo por los alrededores y al final una noche en Casablanca.
Sonríe, estás en Fès.
Cada día comimos en una casa que según el apuesto marroquí se utiliza para bodas o ese tipo de eventos. Generalmente entre siete y once personas nos acomodábamos alrededor de una mesa circular a esperar nuestros sagrados alimentos. No recuerdo los nombres de los platillos pero lo que nunca olvidaré es la manera de comer. Se sirve un gran plato en el centro de la mesa y todos comemos del mismo plato acompañados de un pan y con las manotas (de hecho, sólo con la mano derecha, la gente es supersticiosa y usar la mano izquierda está prohibido). ¡Y cuidado con chuparse los dedos! Es una reacción bastante natural pero en esas circunstancias hay que esperar hasta el final.
¡Más couscous!
La gente es muy religiosa. El único problema inmediato (para mi, en todo caso) es que el alcohol está prohibido. Hay cierta tolerancia pero en general mejor ni acercarse a las benditas cervezas. ¡Una tortura! Por todos lados hay lugares para rezar (los buenos musulmanes rezan cinco veces al día). Hay mezquitas en cada esquina e incluso en las estaciones de tren hay un salón especial para dicho efecto. Estuvimos en algunas mezquitas famosas (la más notable sería la de Casablanca, ahí al ladito del Atlántico) pero aquellos que nos desviamos del camino del Señor no podemos entrar. Así que las vimos desde afuera mientras nuestros compitas musulmanes entraban a tomarse fotos y vayanse ustedes a saber qué más.
Mezquita
Una gran atracción de las ciudades en Marruecos son sus medinas, una especie de gran mercado donde se puede encontrar prácticamente todo. Ahi vimos babuchas como las de Aladín, velos para las mujeres, adornos para bodas, gorritos exóticos, ejemplares del Corán, fuentes de agua con una taza que todo mundo utiliza; en las plazas hombres con serpientes o monos amaestrados, otros con camellos para tomarse fotos, vendimia de hierbas mágicas y todo lo anterior acompañado de la algarabía de la gente mezclada con la estridente música que sale de alguna bocina en la que se oye a la cantante del momento.
La cantante del momento
Y así nos anduvimos paseando por las calles de Fès, visitamos algunos pueblitos cercanos y aunque en general las ciudades son mas exóticas que lindas, creo que la verdadera riqueza del lugar está en su gente. Tal vez tuve suerte pero casi toda la gente con la que tuve contacto eran muy amables y cálidos, desde la gente en el tren o en el mercado hasta la señora que abría todas las mañanas el salón donde sucedió el congreso. Y eso sin hablar de los asistentes al congreso que eran todos simplemente maravillosos.
Unos cuantos de nosotros
Y ahí quedó. O tal vez no. En esas dos semanas me acerqué a un mundo que desconocía y que ahora me intriga. Africa apenas empieza...
¿Alto?
No, he de volver, Inch Allah.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


