lunes, 5 de agosto de 2013
viernes, 26 de julio de 2013
Canal du Midi: Tu Lus - Agde
Alguien me dijo un día que se puede llegar en bicicleta hasta el mar Mediterráneo desde Tu Lus, siguiendo el Canal du Midi.
En efecto, se puede. 241 kilómetros de canal conectan Toulouse con Sète:
El plan: un día completo para llegar, un día en el mar y otro día para volver. ¿Será? Tuve que averiguarlo. Ajusté los frenos, limpié los discos para las velocidades, lubriqué la cadena, compré llantas nuevas, cambié el asiento y me lancé a la aventura.
Viernes 19 de julio, 4:10 a.m.: Salida de mi cálido hogar.
4:24 a.m.: Tu Lus quedó atrás.
5:05 a.m.: Abandono la oscura carretera para entrar al canal, que está más oscuro aún.
5:57 a.m.: Empieza a salir el sol. La vida es bella y el canal también.
10:19 a.m.: Carcassonne. Primeros 100 kilómetros.
11:23 a.m.: Trèbes. Pausa para comerme una rica pasta completa con pan completo y algo de atún.
12:20 p.m.: Retomo lleno de energía. Me siento inspirado y acelero. Faltan entre 100 y 120 kilómetros para llegar.
3:20 p.m. No sé dónde estoy ni cuánto me falta. Me duelen las rodillas, la espalda, el cuello, la cola y no siento mis manos. Creo que estoy alucinando: acabo de pasar por un lugar que se llama Jouarres (ou en francés se pronuncia u, es decir, ¡Juarres!).
5:30 p.m.: Capestang. ¡Al fin sé dónde estoy! ¡Todavía falta un buen rato y ya me está cargando la chingada!
7:00 p.m. Bèzier. ¡Al fin! Después de 15 horas de bicicleta y 220 kilómetros de camino he llegado a la primera escala de mi viaje.
7:35 p.m.: Después de una subida endiablada llego a mi hotel. Me compro una pizza por ahí cerca, vuelvo a mi habitación, ceno, veo tele, leo y a dormir.
A la mañana siguiente...
6:36 a.m.: Bèzier. Estoy un poco adolorido. Empiezo tranquilo y relajado.
8:52 a.m.: L'Hérault. El segundo punto importante del viaje. El Canal du midi no termina aquí pero hasta aquí llegue. Ahora, ¡al mar!
9:44 a.m: El mar... ¡A güevo cabrones!
Me estaciono, me pongo crema, leo un poco, como sopa de pescado y paso el resto del día nadando y viendo francesas en bikini. A las 6:10 p.m. regreso a Bèzier.
Domingo 21 de julio, 5:30 a.m.: Bèzier. De vuelta a casa.
8:57 p.m.: Hogar, dulce hogar. Mis manos tiemblan mientras escribo la hora a la que llegué.
sábado, 13 de julio de 2013
sábado, 6 de julio de 2013
Henri de Toulouse-Lautrec
No, Henri de Toulouse-Lautrec no nació en Toulouse.
Henri nació en Albi, aquí, cerquita de Tu Lus. Nació y no creció. Chiquito como era, fue grande. 37 años de vida que empezaron rodeados de la alta burguesía francesa del sur, que recorrieron los bajos mundos de París, que conocieron la gloria y el alcoholismo y la enfermedad, y que terminaron ahí donde empezaron. A su pesar, tal vez. Yo creo que le habría gustado mucho más morir entre las frondosas piernas de alguna de sus adoradas prostitutas pelirojas.
Toulouse-Lautrec no se retrata a sí mismo: está muy feo. Tal vez eso es lo que creen que creía. Pero, en efecto, hay un solo autoretrato e incluso en éste su rostro aparece entre sombras. Al principio pintaba caballos y recurrentemente a su madre: leyendo, tocando el piano, esperando, tomando el té. Después se lanzó a París para aprender las técnicas del momento. Hizo la tarea pero la escuela no estaba hecha para él. Lautrec hizo su propia escuela. Se escuchó y se hizo caso. Que la academia pinte mitos griegos, él prefiere a las prostitutas de Montmartre. Y de un cabaret al otro, aparece la litografía y la publicidad. Y la fama absoluta. Y la Goulou y Jane Avril e Yvette Gilbert y May Milton y May Belforth. Y sus adoradas prostitutas, una y otra vez.
Lautrec no podía vivir mucho tiempo. Frágil desde el principio, estaba condenado a partir pronto. Menos mal, el mundo no estaba listo.
lunes, 24 de junio de 2013
Un tren nos llevó a Italia
Enero 2012
Tal vez el mejor de todos...
Milán, ¡oh, frustrante Milán!
Un
tren nos llevó a Venecia.
Un tren nos llevó a Florencia.
Un tren nos llevó a Roma.
Tal vez el mejor de todos...
Elena
y Daniel, paseando por Italia.
Milán, ¡oh, frustrante Milán!
Venecia,
¡oh, pisoteada Venecia!
Florencia,
¡oh, los senos de la virgen!
Roma,
¡oh, se acabó!
Un
tren nos llevó a Milán.
Puedes
estar en Milán y pararte frente a la Scala
y ver a la gente entrar. Puedes estudiar La Última Cena, soñarla,
llegar a Milán y ver a la gente entrar. Puedes dormir en un hostal barato y ver pasar entre sueños a
los Tigres del Norte. Puedes ir a los bares de la periferia de Milán,
tomar cerveza barata y oir música y volver
a tu hostal y equivocarte de dirección y terminar lo más lejos
posible de tu cama. Puedes preguntar Dove...?
y recibir por respuesta eso
no está en tu mapa de turista.
Puedes estar en Milán y sentir la mano
de un milanés en tu hombro mientras te equivocas de respuesta. En
Milán está Silvian Heach. En
Milán hay hombres sin piel. En Milán puedes tener frío. En Milán
está el teatro VERGA. En
Milán las tumbas sufren.
La Scala (vista desde afuera...)
Silvian Heach
Martirio de Bartolomé
¿Habrá butacas libres?
Venecia
ha sido visitada hasta el cansancio. Ha sido visitada hasta el
cansancio porque hay que hacerlo. 24
horas de un lunes son suficientes. No entres a museos ni visites
iglesias. Sólo camina. Sólo piérdete. Sólo
busca la salida y encuentra un canal. Espera al transporte público
que se tarda en estacionarse. Busca
banquetas y no encuentres banquetas, no existen, estamos inundados.
Agua 1
Agua 2
Agua 3
Agua 4
Un tren nos llevó a Florencia.
En
Florencia las vírgenes tienen tetas. Una voz me lo susurró al oído.
Me explicó que somos hipócritas desde
siempre. O que hemos dejado de serlo poco a poco. Tal vez ahora somos cínicos. O no. Pero antes
se pintaban vírgenes que no tenían cuerpo de mujer. Con el tiempo, además
de rostro y manos, las vírgenes tuvieron senos, caderas y nalgas. En Florencia,
Leonardo se masturbó pensando
en María. ¿O cómo explicas que en su Anunciación
hay
una cama? El
arcángel y doña María le pusieron. Y así empezó una historia que conocemos bien. Después
de rezar hincado en tu habitación hay que tomarse un vaso de leche.
Virgen sin senos
Virgen con senos
Error de perspectiva
Su lechita y a dormir
Un tren nos llevó a Roma.
Todo
lo bueno (y todo lo malo también) llega al fin o llega a su fin,
como quieran. Pero antes hay que ponerse crema
y saludar a Mr. Muzio. Hay que comerse una pizza en Montecarlo con
calabaza, chile morrón, cebolla, champiñones
y quemada en las orillas. Hay que comerse un helado Trevi. Y
alejarse, alejarse, alejarse. Hay que visitar
España en Italia. Hay que buscar la uscita.
Hay
que recordar que la traición es un gallo. Hay que pararse frente
a Rafael. Hay que manosearse ahí donde escogieron a Bergoglio. Y hay
que volver a comer pizza acompañado de
Peroni. En Roma, antes de irse, hay que ser un gladiador.
La crema
Pizza con todo
1
2
3
4
La traición es un gallo
Daniel y Rafael
¡Más pizza!
El gladiador
sábado, 25 de mayo de 2013
St Peters
Todo comenzó
en un verano peligroso. El terrorista marroquí me sugirió un camino
que yo no había imaginado y que me llevó directito a unas mentadas
bases de Groebner. Aparecieron y después desaparecieron. Seis años
más tarde, esas bases de Groebner me llevaron a San Petersburgo.
San Petersburgo
Por razones mágicas (sí,
porque la vida es mágica), las bases de Groebner reaparecieron en mi
vida. Luego un amigo de mi querido director se apareció
por Tu Lus. Y, ¡mira qué casualidad!, el tipo es un especialista en
el tema. Sin dudarlo un momento, me lancé a su encuentro y hablamos
y hablamos. Resulta que el tipo en cuestión organiza un congreso
sobre álgebra computacional en San Petersburgo y así sin más me
invitó.
The Euler Mathematics Institute
Para el congreso,
cualquier cosa que incluya las palabras álgebra computacional entra.
O sea, hubo de todo. Y si a eso le agregamos que una que otra plática
era en ruso pues podemos concluir que de las pláticas en si no
aproveché mucho. Afortunadamente, como en cualquier congreso
respetable, hubo noches de alcohol y es ahí donde se intercambian
realmente las ideas. Las ideas y unos buenos tragos de vodka casero.
Aquello se veía altamente tóxico pero igual le entré con muchas
ganas. Tal vez demasiadas. Pero cómo negarse a un trago más cuando
toda la gente está cantando, brindando y sonriendo. Había algunos
que no hablaban más que ruso e incluso con ellos se estaba bien.
Había un estudiante en particular que era deliciosamente simpático.
Todo el tiempo me hablaba en ruso y se reía sin parar. Seguramente
me estaba mentando la madre pero no importa. La buena vibra siempre
se agradece. Tuvimos un par de tardes libres para turistear. La
primera me perdí tratando de encontrar el centro. No lo logré pero
en el camino me entregué a la melancolía que emana de esos viejos
edificios de la era comunista rodeados de enormes árboles sin hojas.
Aquellos viejos edificios
El último día, ahora sí con un mapa y acompañado una parte del
recorrido por un ruso gigantesco, me entregué a la contemplación de
ese centro histórico que Pedro el Grande soñó y levantó del
polvo. San Petersburgo estaba destinada a ser un modelo de armonía
arquitectónica y el esplendor de una época. La tarde empezaba a
caer y dirigí mis pasos hacia el mar. Quería estar lo más lejos
posible. Después de atravesar cementerios, más y más edificios tan
imponentes como llenos de nostalgia, llegué al mar Báltico. Ahí
vi caer el sol mientras fantaseaba con noches blancas, rusas hermosas
y amores imposibles.
10 pm, hora de volver.
martes, 21 de mayo de 2013
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