jueves, 28 de noviembre de 2013
martes, 8 de octubre de 2013
Obergurgl: Entre marmotas, Heidi y singularidades.
Junio
2012. Reunión
de singularólogos en los Alpes.
En
junio 2012 el final se veía tan claro como un paseo en la montaña
lleno de neblina. No digo que ahora
el final esté nítidamente dibujado pero al menos algo se adivina al
fondo del pasillo. Hace un año
todo estaba por verse.
¿Y 'ora pa' dónde?
Llegué
a Obergurgl lleno de expectativas. La idea de encerrarse en los Alpes
austriacos durante un
mes rodeado de matématicos interesados en las singularidades me
parecía deliciosamente romántica.
En los meses anteriores al evento estuve entregado a la lectura de un
artículo de cierto
japonés que los azares del destino llevaron a la misma montaña en
la que yo debía estar en
el mismo espacio de tiempo. La lectura fue (como pasa seguido en este
medio) particularmente tormentosa
así que la idea de encontrarme al autor produjo un sentimiento de
euforia llena de esperanza.
El retiro en la montaña iba a ser decisivo en el rumbo de mi tesis
y, consecuentemente, en
el rumbo de mi vida.
Antes
del encuentro con el japonés en cuestión pasaron tres semanas de
cursos sobre la resolución de singularidades.
Ahí me enteré de que me mintieron. Resolver singularidades es más
excitante de lo que
me habían dicho. Para mi la resolución era un proceso rígido cuya
existencia suele justificarse por sus
dichosas propiedades geométricamente atractivas. No. Resolver
singularidades es una verdadera cacería.
El enemigo se mueve constantemente y es muy inteligente. Se esconde,
se disfraza, miente. Y
aun con toda su astucia el enemigo fue derrotado. Es bueno enterarse
de todo esto. Pero yo tengo otra
misión. Y el hecho de que algunos saben capturar al
enemigo no me facilita nada.
El
encuentro sucedió. Nada particularmente estremecedor. Preguntas,
respuestas parciales, ideas intuitivamente
correctas. Tuvo que transcurrir un año más para convertir en
certezas aquellas fantasías.
¿Final feliz?
lunes, 5 de agosto de 2013
viernes, 26 de julio de 2013
Canal du Midi: Tu Lus - Agde
Alguien me dijo un día que se puede llegar en bicicleta hasta el mar Mediterráneo desde Tu Lus, siguiendo el Canal du Midi.
En efecto, se puede. 241 kilómetros de canal conectan Toulouse con Sète:
El plan: un día completo para llegar, un día en el mar y otro día para volver. ¿Será? Tuve que averiguarlo. Ajusté los frenos, limpié los discos para las velocidades, lubriqué la cadena, compré llantas nuevas, cambié el asiento y me lancé a la aventura.
Viernes 19 de julio, 4:10 a.m.: Salida de mi cálido hogar.
4:24 a.m.: Tu Lus quedó atrás.
5:05 a.m.: Abandono la oscura carretera para entrar al canal, que está más oscuro aún.
5:57 a.m.: Empieza a salir el sol. La vida es bella y el canal también.
10:19 a.m.: Carcassonne. Primeros 100 kilómetros.
11:23 a.m.: Trèbes. Pausa para comerme una rica pasta completa con pan completo y algo de atún.
12:20 p.m.: Retomo lleno de energía. Me siento inspirado y acelero. Faltan entre 100 y 120 kilómetros para llegar.
3:20 p.m. No sé dónde estoy ni cuánto me falta. Me duelen las rodillas, la espalda, el cuello, la cola y no siento mis manos. Creo que estoy alucinando: acabo de pasar por un lugar que se llama Jouarres (ou en francés se pronuncia u, es decir, ¡Juarres!).
5:30 p.m.: Capestang. ¡Al fin sé dónde estoy! ¡Todavía falta un buen rato y ya me está cargando la chingada!
7:00 p.m. Bèzier. ¡Al fin! Después de 15 horas de bicicleta y 220 kilómetros de camino he llegado a la primera escala de mi viaje.
7:35 p.m.: Después de una subida endiablada llego a mi hotel. Me compro una pizza por ahí cerca, vuelvo a mi habitación, ceno, veo tele, leo y a dormir.
A la mañana siguiente...
6:36 a.m.: Bèzier. Estoy un poco adolorido. Empiezo tranquilo y relajado.
8:52 a.m.: L'Hérault. El segundo punto importante del viaje. El Canal du midi no termina aquí pero hasta aquí llegue. Ahora, ¡al mar!
9:44 a.m: El mar... ¡A güevo cabrones!
Me estaciono, me pongo crema, leo un poco, como sopa de pescado y paso el resto del día nadando y viendo francesas en bikini. A las 6:10 p.m. regreso a Bèzier.
Domingo 21 de julio, 5:30 a.m.: Bèzier. De vuelta a casa.
8:57 p.m.: Hogar, dulce hogar. Mis manos tiemblan mientras escribo la hora a la que llegué.
sábado, 13 de julio de 2013
sábado, 6 de julio de 2013
Henri de Toulouse-Lautrec
No, Henri de Toulouse-Lautrec no nació en Toulouse.
Henri nació en Albi, aquí, cerquita de Tu Lus. Nació y no creció. Chiquito como era, fue grande. 37 años de vida que empezaron rodeados de la alta burguesía francesa del sur, que recorrieron los bajos mundos de París, que conocieron la gloria y el alcoholismo y la enfermedad, y que terminaron ahí donde empezaron. A su pesar, tal vez. Yo creo que le habría gustado mucho más morir entre las frondosas piernas de alguna de sus adoradas prostitutas pelirojas.
Toulouse-Lautrec no se retrata a sí mismo: está muy feo. Tal vez eso es lo que creen que creía. Pero, en efecto, hay un solo autoretrato e incluso en éste su rostro aparece entre sombras. Al principio pintaba caballos y recurrentemente a su madre: leyendo, tocando el piano, esperando, tomando el té. Después se lanzó a París para aprender las técnicas del momento. Hizo la tarea pero la escuela no estaba hecha para él. Lautrec hizo su propia escuela. Se escuchó y se hizo caso. Que la academia pinte mitos griegos, él prefiere a las prostitutas de Montmartre. Y de un cabaret al otro, aparece la litografía y la publicidad. Y la fama absoluta. Y la Goulou y Jane Avril e Yvette Gilbert y May Milton y May Belforth. Y sus adoradas prostitutas, una y otra vez.
Lautrec no podía vivir mucho tiempo. Frágil desde el principio, estaba condenado a partir pronto. Menos mal, el mundo no estaba listo.
lunes, 24 de junio de 2013
Un tren nos llevó a Italia
Enero 2012
Tal vez el mejor de todos...
Milán, ¡oh, frustrante Milán!
Un
tren nos llevó a Venecia.
Un tren nos llevó a Florencia.
Un tren nos llevó a Roma.
Tal vez el mejor de todos...
Elena
y Daniel, paseando por Italia.
Milán, ¡oh, frustrante Milán!
Venecia,
¡oh, pisoteada Venecia!
Florencia,
¡oh, los senos de la virgen!
Roma,
¡oh, se acabó!
Un
tren nos llevó a Milán.
Puedes
estar en Milán y pararte frente a la Scala
y ver a la gente entrar. Puedes estudiar La Última Cena, soñarla,
llegar a Milán y ver a la gente entrar. Puedes dormir en un hostal barato y ver pasar entre sueños a
los Tigres del Norte. Puedes ir a los bares de la periferia de Milán,
tomar cerveza barata y oir música y volver
a tu hostal y equivocarte de dirección y terminar lo más lejos
posible de tu cama. Puedes preguntar Dove...?
y recibir por respuesta eso
no está en tu mapa de turista.
Puedes estar en Milán y sentir la mano
de un milanés en tu hombro mientras te equivocas de respuesta. En
Milán está Silvian Heach. En
Milán hay hombres sin piel. En Milán puedes tener frío. En Milán
está el teatro VERGA. En
Milán las tumbas sufren.
La Scala (vista desde afuera...)
Silvian Heach
Martirio de Bartolomé
¿Habrá butacas libres?
Venecia
ha sido visitada hasta el cansancio. Ha sido visitada hasta el
cansancio porque hay que hacerlo. 24
horas de un lunes son suficientes. No entres a museos ni visites
iglesias. Sólo camina. Sólo piérdete. Sólo
busca la salida y encuentra un canal. Espera al transporte público
que se tarda en estacionarse. Busca
banquetas y no encuentres banquetas, no existen, estamos inundados.
Agua 1
Agua 2
Agua 3
Agua 4
Un tren nos llevó a Florencia.
En
Florencia las vírgenes tienen tetas. Una voz me lo susurró al oído.
Me explicó que somos hipócritas desde
siempre. O que hemos dejado de serlo poco a poco. Tal vez ahora somos cínicos. O no. Pero antes
se pintaban vírgenes que no tenían cuerpo de mujer. Con el tiempo, además
de rostro y manos, las vírgenes tuvieron senos, caderas y nalgas. En Florencia,
Leonardo se masturbó pensando
en María. ¿O cómo explicas que en su Anunciación
hay
una cama? El
arcángel y doña María le pusieron. Y así empezó una historia que conocemos bien. Después
de rezar hincado en tu habitación hay que tomarse un vaso de leche.
Virgen sin senos
Virgen con senos
Error de perspectiva
Su lechita y a dormir
Un tren nos llevó a Roma.
Todo
lo bueno (y todo lo malo también) llega al fin o llega a su fin,
como quieran. Pero antes hay que ponerse crema
y saludar a Mr. Muzio. Hay que comerse una pizza en Montecarlo con
calabaza, chile morrón, cebolla, champiñones
y quemada en las orillas. Hay que comerse un helado Trevi. Y
alejarse, alejarse, alejarse. Hay que visitar
España en Italia. Hay que buscar la uscita.
Hay
que recordar que la traición es un gallo. Hay que pararse frente
a Rafael. Hay que manosearse ahí donde escogieron a Bergoglio. Y hay
que volver a comer pizza acompañado de
Peroni. En Roma, antes de irse, hay que ser un gladiador.
La crema
Pizza con todo
1
2
3
4
La traición es un gallo
Daniel y Rafael
¡Más pizza!
El gladiador
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