lunes, 9 de diciembre de 2013

Amsterdam I

Agosto 2013

Tal vez fue la gran cantidad de mariguana que fumé durante esos días lo que me hizo ver una ciudad en paz y en perfecta armonía.

¡Amsterdam! Como buena parte de los turistas que se dan cita en esta famosa ciudad, yo fui motivado por esencialmente tres cosas: la mota, Van Gogh y la zona roja. Visité las tres y afortunadamente no sólo eso.

Primer día. Bajo del tren y rápidamente me encuentro con ríos de turistas y una larga avenida llena de MacDonalds, KFC, pizzas o kebabs. La primera impresión no fue muy buena. Dirijo mis pasos al museo de Amsterdam, hay que enterarse de la historia del lugar. En el camino me encuentro con un coffe-shop y sin dudarlo un momento entro a preguntar si el rumor de que ya sólo se vende mariguana a los holandeses es cierto. Nada más falso. No, mi amigo, la mota es para todos. Salgo con una gran sonrisa en la cara y me voy directo al museo. Tranquilo, no hay prisa. Voy al hotel, dejo mis cosas y vuelvo. Sí, son las 4 de la tarde y quiero fumar. Tengo planeado ir al cine una vez que entre en la órbita. ¿Al cine? Ah, pero no cualquier cine. Voy al Theater Tuschinski. Dice mi guía de turistas: Un des plus beaux cinémas d´Europe. Peu importe le film, l´étonnant décor Art déco de 1921 vaut le déplacement à lui seul. O sea, ¡un pinche cine chingón! Entro al coffe-shop y una encantadora damisela me ofrece un menú con cierta variedad de hojas verdes. Escojo y la misma damisela se encarga de armarme un cigarrito y de encendérmelo. Y luego, fumo. Fumo y fumo. Se me apaga el cigarro. Pido un encendedor a un vecino y sigo fumando. Se vuelve a apagar. Ya no lo prendo, ya estoy en la órbita. Pasa un tiempo y me levanto, es hora de sentir el sol. Saco mi mapa de turista e intento localizar el cine. Imposible. Empiezo a caminar. Doy una vuelta, doy otra. Llego a una esquina muy transitada con un mapa enorme para turistas extraviados. Me detengo a verlo para encontrar mi camino. Imposible. Vuelvo a dar vuelta. Una más. Camino un poco y vuelvo a pasar frente al coffe-shop. Estoy dando vueltas en círculo. Tomo una decisión y sigo una calle. Camino y camino. No sé dónde estoy. Voy siguiendo al montón. Pasa un tiempo infinito entre extranjeros, ventanas sin cortinas y fotos de tulipanes. Me rindo, no voy a encontrar nunca el cine. Me empiezo a resignar y levanto la mirada. El maravilloso cine Tuschinski está frente a mí. ¡Gracias vida, gracias mágica hierba! Como puedo pido un boleto para Mud, la película que estaba a punto de empezar. Entro al cine y me encuentro en un pasillo lleno de puertas. Imposible saber cuál es la mía. Entro a la primera. Una sala oscura y una cantidad infinita de asientos me recibe. Discretamente me acomodo. Minutos después empieza la película. Escenas de la luna. Una voz. Una voz que conozco. No, no puede ser. Pero se parece mucho. Un rostro aparece en la pantalla. ¡Yolanda Abbud! ¡¡¡¿Qué pedo?!!! ¡Pinche viaje está chingón! No, no estoy alucinando. Realmente es Yolanda Abbud. La peli se llama Elysium y empieza con una escena de Yolanda Abbud. Y el viaje sigue. ¡Gracias vida, gracias mágica hierba! La peli termina y yo no acabo de creer lo que acaba de pasar. Todo el público sale y yo me quedo ahí, admirando la sala. Doy gracias y me voy. Siento el aire fresco de la tarde. Una enorme alegría me invade. Ya aterricé y estoy muy agradecido. Y ahora, ¡a la zona roja! Ríos de turistas, mujeres en escaparete, todas hermosas. Las chicas te invitan a pasar, risas nerviosas. En estas mismas calles me encontré a Poncho. ¡Ah, cabrón! Sí, ¡al Poncho! Un amigo de mi primo que con el tiempo también se hizo mi compa. Hay un más de un millón de habitantes en juaritos y me fui a encontrar a un cabrón que vivía en la misma calle que yo allá en mi tierra. ¡Cómo chingados! ¡Gracias vida, gracias mágica hierba! El Poncho acababa de llegar a Amsterdam y andaba dando el rol con unos compitas suyos. El resto de la noche se fue de un bar a otro y de un cigarro a otro.

¿Todo lo anterior sucedió realmente?

sábado, 30 de noviembre de 2013

Un tren nos llevó a Cordes-sur-Ciel


Agosto 2012

Francia tiene algo más que París. Pequeños pueblos mágicos repartidos por aquí y por allá. Buena parte de mi vida he sido norteño. Ahora me tocó el sur. Y en este sur está Cordes- sur-Ciel. Un pueblito allá en la cima de una montaña. Las calles suben y suben. Y, de  regreso, bajan y bajan.

La cima

Suben y suben

Los tres

Un tren nos llevó a Alemania IV

Julio 2012

Lübeck

Y ya para terminar, Lübeck. Pues nada, es que estaba cerca de Hamburgo. Como en todo el viaje, la gente fue excepcionalmente amable.



Con todo y la lluvia que siempre estuvo presente, vivimos una Alemania sonriente.

Un tren nos llevó a Alemania III

Julio 2012 

Hamburgo 

Hamburgo pudo haber sido un error. Pero la buena suerte estaba con nosotros... 

¡Carnaval! 

 

¡Fiesta!

 

¡A seguir bebiendo! 


¡Y todos entregados a la pachanga!


Bueno, casi todos...


Un tren nos llevó a Alemania II

Julio 2012

Berlín

Su historia reciente.

Edificios del este

Erase una vez un muro...

 
Un poco de tensión

Give peace a chance?

La puerta

Un poco de arte alemán.

¡Otto!

El Berliner
 
La alternativa

Un tren nos llevó a Alemania I

Julio 2012

Munich

El recorrido empezó en Munich. Después de aquellos días en la montaña volví a los brazos de mi mujer (y ella a los brazos de su hombre) y nos entregamos a los excesos (¡a todos los excesos!).


Nos encontramos en Munich para beber. Y Munich fue generoso. Tarros gigantescos estuvieron siempre junto a nosotros. Y con ellos, los munichienses. La primer noche, unos jovencitos peligrosos que a mí me divirtieron mucho pero que asustaron a mi mujercita dejaron claro que hay alemanes que están lejos de ser como los platican.


Una calle después: bar lleno de gente, un acercamiento tímido, una pregunta: are you part of the community?, una respuesta: somehow..., ¡esa era la palabra mágica!, resultado: ¡harta cerveza gratis!, hasta que la fiesta terminó y nos echaron del lugar. A caminar de vuelta a casa siguiendo un camino zigzigueante. Minutos después, una fuente que promete la eterna juventud. La princesa Malèna y yo, en la cúspide de la borrachera, atrevesamos la fuente corriendo y ¡ah, borrachera traicionera!, mi triste compañera terminó estampándose en un pilar de medio metro de altura. Como pude la levanté imaginando lo peor: ¡el alcohol y una fuente mágica se iban a robar la memoria de mi mujercita! La abracé completamente angustiado, le pregunté su nombre y si sabía dónde estaba. No contestó. La noche se fue en un largo mal viaje que mi oscura imaginación decidió seguir.

A la mañana siguiente, la cruda y de vuelta a la vida real. ¡Y vámonos a Berlín!

jueves, 28 de noviembre de 2013

¡Ya se armó!

Bueno, tanta chinga finalmente concluyó en algo. Desde el viernes 15 de noviembre de 2013 hay un nuevo doctor en matemáticas en el mundo.


¡¡¡ A güevo !!!