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miércoles, 2 de enero de 2013

La controverse de Valladolid

¿Quiénes eran los habitantes del Nuevo Mundo para los españoles que conquistaron México en los mil quinientos? ¿Sus semejantes? ¿Descendientes de Adán y Eva? ¿Seres de otra categoría? Para muchos el asunto estaba claro: los indígenas del Nuevo Mundo eran seres inferiores nacidos para ser esclavos. Pero no todos compartían esta convicción.

La controversia de Valladolid es un hecho histórico que opuso a dos personajes que representaban posiciones antagónicas: el fraile Bartolomé de Las Casas, que luchaba contra la esclavitud de los indígenas y Ginés de Sepúlveda, filósofo que defendía las atrocidades cometidas en la conquista. De este hecho histórico se inspira Jean-Claude Carrière para su libro La controverse de Valladolid.

Lectura apasionante, angustiante, dolorosa. Yo tenía una idea más o menos general de la crueldad con que se llevó a cabo la conquista de México. Este libro fue para mí un primer acercamiento a ciertos detalles de esta parte de nuestra historia. Y los detalles no son gratificantes.

Los dos protagonistas del libro defienden sus posturas con uñas y dientes. Para uno, ratón de biblioteca, el hecho de que trescientos españoles lograron someter a veinte millones de indígenas no puede ser sino obra del Señor. ¿Cómo interpretar el hecho de que las nuevas enfermedades que llevaron los españoles acabaron con tantos indígenas? Nuevamente, se trata de un castigo de Dios hacia un pueblo bárbaro y pagano. El otro, hombre de terreno, testigo de las muchas atrocidades que sufrieron los habitantes de aquellas tierras, resume su postura diciendo: Es en sus corazones que debemos destruir a sus ídolos. En sus corazones solamente.

domingo, 18 de julio de 2010

Zapata

Un breve comentario. Hace algunas semanas terminé la lectura de la novela histórica Zapata de Pedro Ángel Palou. No me gustó. Simplemente nunca me atrapó y eso que la empecé a leer estando aún en La primavera y muy sensible respecto a aquella ciudad porque estaba a punto de dejarla. Y aunque el corazón me daba un brinco cada vez que leía Cuernavaca, Tepoztlán, Yautepec o Cuautla, la novela nomás no me gustó. Ni hablar. Al menos me enteré un poco más de la historia de este notable personaje.

viernes, 14 de mayo de 2010

Juárez, el rostro de piedra


Pablo, el Señor Presidente, murió. Según el autor, en julio de 1872. Con esto concluye la novela Juarez, el rostro de piedra, de Eduardo Antonio Parra.

Éste se convierte en mi primer (y espero que vengan más) encuentro más o menos serio con otro eslabón de nuestra historia: los años de Benito Juárez, la Guerra de Reforma, la Intervención Francesa. Más como novela que como biografía estricta, el autor, sin seguir un orden cronológico y más bien destacando pasajes importantes en la historia de Benito Juárez, nos lleva a la cabeza de aquel hombre, a sus pensamientos, a sus dudas, a sus decisiones. De la mano de Parra vamos a Paso del Norte, a Veracruz, a San Luis Potosí, a Oaxaca, a la Ciudad de México. Asimismo nos encontramos, por mencionar algunos, a Melchor Ocampo, Guillermo Prieto, Santos Degollado, Ignacio Comonfort, los Lerdo de Tejada, Ignacio Mejía, Miguel Miramón, Maximiliano y, por supuesto, a la primerísima dama Margarita Maza.

En general me parece que la lectura es bastante amena. También es cierto que por momentos, a mi parecer, el autor se regodea demasiado en una misma cosa e incluso es repetitivo. El capítulo final, con Juárez agonizando, se extiende varias páginas diciendo una y otra vez cuánto dolor sentía el presidente en sus últimos momentos. Aún así, la novela me pareció maravillosa. Hay varios capítulos simplemente magistrales. Y buena parte del mérito está en esta manera de contar la historia, como una novela. Así, el autor nos estremece con el espeluznante capítulo Las Tinajas de San Juan de Ulúa, donde describe con gran maestría aquello por lo que pasó Juárez siendo prisionero de Santa Anna. También está aquel capítulo donde, jugando ajedrez, Juárez y Melchor Ocampo discuten el famoso tratado firmado por el embajador de Estados Unidos Robert Mc Lane y Ocampo, en el que México otorgaría libre tránsito al país vecino por ciertas zonas del país. En este capítulo Juárez le expone a un atribulado Ocampo las ventajas políticas que dicho tratado representaban. Supongo que habrá mucho que discutir a ese respecto pero ese es otro asunto. En cuanto a la novela, todo aquel diálogo es muy revelador.

Me gustó mucho encontrarme con este periodo de nuestra historia. Es de verdad un eslabón que une aquello que suena tan lejano como la Independencia (hay momentos en la novela en que Juárez y sus hombres se encuentran con personajes que algo tuvieron que ver con Miguel Hidalgo) con las primeras apariciones de personajes que determinarían el rumbo del siglo siguiente en el país (el ejemplo más obvio: el buen Porfirio).

Y ahí quedó. Queda pendiente un acercamiento más profundo a aquella época que parece ser determinante en el rumbo del país. Hay que ver más de cerca a aquellos personajes. De repente siento mucha curiosidad por dos de ellos: Melchor Ocampo y Santa Anna. Ya se van viendo los próximos proyectos.

viernes, 12 de marzo de 2010

Temporada de zopilotes


Hace ya unas cuantas semanas, la princesa Malèna (que andaba como cada febrero acá en La Capirucha) y yo asistimos a la presentación del más reciente libro de Paco Ignacio Taibo II titulado Temporada de zopilotes.

Ya estaba yo en proceso de convertirme en fan de Paco Ignacio Taibo II después de la lectura de su biografía narrativa de Pancho Villa. Ahora, después de escucharlo y leer su más reciente novela histórica, no puedo hacer menos que declararme seguidor.

El tipo es un provocador. De su libro ni habló pero sí se tomó todo el tiempo para hablar de los festejos que se avecinan para el centenario y bicentenario. Básicamente los hizo pedazos. Llegó a comparar incluso la actitud del gobierno actual con aquella de Porfirio Díaz celebrando el centenario de la independencia: ningún tipo de debate; fiesta, alcohol y olvídense de todo. Supongo que habrá académicos o historiadores que podrán cuestionarle una u otra cosa pero de que el tipo causa revuelo no hay duda. Concluyó su presentación recordándonos que LA HISTORIA ES NUESTRA, no de los políticos en turno, no de quienes hacen los libros de texto que leemos en la primaria. No. La historia es de los ciudadanos. Y no debemos permitir que la ignorancia o la persuación institucional nos convenza de lo contrario.

Yo no creo que pueda entrar a ningún tipo de debate sobre la revolución o la independencia así que lo menos que puedo hacer es enterarme de nuestra historia. Y como la platica Taibo II me gusta. Nomás por citar una parte:

Gustavo, su hermano, que no tenía pelos en la lengua, por eso Pancho Villa lo quería tanto, solía decir: "De todos los Madero, fueron a elegir presidente al más tonto", medio en broma cariñosa, medio en terrible confesión.

¿Cómo dejar un libro que empieza así? He de seguir al autor. ¿Y esta nueva novela qué? Pues nada menos que una historia narrativa de la Decena Trágica. ¿Qué sucedió en los días anteriores al asesinato de Madero? ¿Quién lidereó la ofensiva contra el incipiente gobierno? ¿Madero era de verdad tan inocente como para no darse cuenta de que había generales conspirando en su contra? ¿Qué fue de Felipe Ángeles? ¿Cómo apareció Victoriano Huerta en la escena? La historia está ahí. Hay que buscarla.

Compren el libro. Arrellénense en su sillón de alto respaldo y terciopelo verde. Entérense de la historia de México.

domingo, 7 de junio de 2009

Pancho Villa. Una biografía narrativa


Hoy, finalmente, concluí la lectura de la biografía narrativa de Pancho Villa, escrita por Paco Ignacio Taibo II. A casi cien años del levantamiento maderista, me adelanto a los festejos que se vienen anunciando y rindo un pequeño homenaje a este revolucionario del que ahora me declaro fiel seguidor.

Resulta imposible tratar de resumir un libro de esa magnitud así que sólo intentaré dar algunas impresiones generales de la lectura. Sin duda, mi visión del afamado Francisco Villa ha cambiado. O en todo caso, ahora creo tener una. ¡Qué vida tan apasionada la de aquel hombre! Huyendo de la ley desde temprana edad, sobreviviendo la sierra de Chihuahua, dirigiendo un movimiento bélico de gran magnitud, protagonizando triunfos espectaculares, soportando traiciones, siendo derrotado, sobreviviendo después múltiples persecuciones, aguantando hambres y fríos intensos, armando guerrillas, cediendo cuando era tiempo, practicando un socialismo improvisado, hasta finalmente morir como se moría entonces: a plomazos.

No llego a entender cabalmente los motivos que lo orillaron a sumarse a la revolución. Perseguido por la ley, apenas sobreviviendo, no pareciera que la situación social le preocupara demasiado. Seguro que habrá anécdotas de Villa entregando dinero o comida al pueblo, pero en aquel momento no es una constante. Constantes los robos de ganado. Hay incluso algunos homicidios, si no de su propia mano, sí de sus acompañantes, por ejemplo, de quien sería después uno de sus más sobresalientes generales: Tomás Urbina. Como sea, es convocado a la revuelta maderista y, sin más, acepta unirse. La historia sigue su curso. Porfirio Díaz sale del país, Madero es presidente, lo asesinan y tiempo después Villa entrará a México por algún punto cerca de Ciudad Juárez (o, como dice el autor, la maravillosa ciudad con la que en 1911 habían tirado a Porfirio Díaz) para iniciar el movimiento contra Huerta en 1913.

Será en esta campaña cuando la División del Norte obtenga sus más espectaculares triunfos: Tierra Blanca, Torreón, Zacatecas. Nombres legendarios acompañan a Pancho Villa: Maclovio Herrera, Felipe Ángeles, Tomás Urbina, Rodolfo Fierro, Toribio Ortega, Trinidad Rodriguez, José Rodriguez, Eugenio Aguirre Benavides, Calixto Contreras, Raul Madero, Roque González Garza, Orestes Pereyra, Rosalío Hernández, Manuel Chao,... La lista sigue. Sin duda, Villa logró dar aquellas impresionantes batallas debido en buena medida a todos estos generales que lo seguían. Es entonces realmente desolador que, con el tiempo, la mayoría de aquellos legendarios generales lo fueron abandonando: algunos murieron en el campo de batalla, otros lo traicionaron, otros nomás por dinero, algunos más porque probablemente dejaron de creer en la lucha. El autor sugiere que Villa habría extrañado a aquellos mandos en sus tiempos de guerrilla. Probablemente así fue.

Antes de entrar en contacto con Venustiano Carranza, pareciera que Villa no tenía ningún plan político. La consigna era derrocar a Victoriano Huerta, asesino de Madero. Sin embargo, el pueblo de Chihuahua se vio beneficiado por una forma improvisada de socialismo durante el tiempo en que fue territorio villista, notablemente cuando Villa fue gobernador. Aparentemente sin planes preconcebidos, Villa, un hombre iletrado, casi analfabeta, estableció un sistema en el que ricos eran despojados de sus tierras, los precios de muchos productos fueron tremendamente abaratados, llegó a haber repartición directa de dinero entre los pobres y nacionalización de bienes de la burguesía chihuahuense. Sin grandes pretenciones, Villa estaba logrando, al menos localmente, algunos de los grandes ideales de los revolucionarios.

Y la historia sigue su curso. Huerta cae, Carranza sube al poder, la Convención de Aguascalientes no trae sino renovadas diferencias y la guerra continua, ahora porque caiga Carranza o Villa. Y en esta ocasión caerá Villa. Pecando de arrogancia y exceso de confianza, Villa es derrotado una y otra vez por el ejército de Obregón. La División del Norte terminará disolviéndose. Viene el tiempo de la guerrilla. ¿Porqué Villa no deja de pelear? Han pasado varios años de guerra, el pais necesita paz y Villa no desiste. ¿Es tan terrible que Carranza se quede en el poder? El autor de la biografía no dice mucho al respecto. Sin embargo, como veremos luego, parecía que Carranza quería seguir los pasos de Porfirio Díaz y al fracasar en su intento por imponer un presidente que lo sucedería, sus viejos aliados, particularmente Obregón, terminarán cazándolo. Así que tal vez Villa no andaba tan errado en sus intuiciones. Después, con el interinato de Adolfo de la Huerta, Villa finalmente depone las armas.

Polémica. He oído decir a algunos que la gran diferencia entre Villa y Zapata es que este último nunca se vendió. A aquellos habrá que decirles que Villa tampoco. El pleito con Carranza había terminado. Villa no tenía diferencias con De la Huerta, a quien nunca había combatido. En conferencia con el subsecretario de Guerra en ese momento, Villa pone como condiciones para su retiro salario para sus hombres, un rancho que él pagaría y permiso para conservar sus armas por razones de defensa. Villa previó que la gente diría que había depuesto las armas por un rancho y una fuerte cantidad de dinero. En palabras del autor: "la calumnia era absurda". Efectivamente, el autor habla de unos 55 mil pesos por el licenciamiento, dinero que Villa agotó repartiéndolo a viudas, amigos, mendigos y demás. Además, el rancho asignado a Villa estaba en condiciones deplorables. Abandonado desde hacía tiempo, el lugar no era habitable. Dice el autor que Luz Corral, una de las esposas de Villa, dijo: "Qué triste aspecto, parecía un panteón abandonado". Por otro lado, hay que reconocer que Villa supo usar su condición de ex-revolucionario para conseguir de cuando en cuando dinero del gobierno. Pero siempre que lo hizo, era para respaldar algún nuevo proyecto social que quería implantar en su rancho. Así creo escuelas, fuentes de trabajo muy bien pagadas e incluso intentó abrir un banco de crédito para los agricultores. Estamos en 1920. Una nueva vida empezaba para Francisco Villa. No duró mucho.

Villa es asesinado. Después de sobrevivir largas persecuciones, dirigir batallas épicas, Villa sería emboscado en Parral por unos cuantos viejos enemigos. Ahí terminaría la vida de un hombre incansable y fiel, tal vez sus mejores atributos.

Terminé de leer la biografía en la catedral de La primavera. Cerré el libro y me quedé largamente mirando la foto de la portada y una inevitable tristeza me empezó a invadir. Mágicamente, las campanas de la catedral empezaron a sonar. Aquellas fueron campanadas en honor de mi general Francisco Villa.

miércoles, 29 de abril de 2009

Un capítulo de Pancho Villa, una escena de Felipe Ángeles.

De unas semanas para acá he estado fascinado con la lectura de la biografía narrativa de Paco Ignacio Taibo II sobre Pancho Villa. Estamos en 1914, Villa y la División del Norte han logrado tomar Torreón, Saltillo y pretenden avanzar sobre Zacatecas. El capítulo 33, titulado Telegrafiando, me hace hurgar en la memoria para encontrarme felizmente con una escena en el montaje de Felipe Ángeles, obra de Elena Garro, adaptada por Luis de Tavira (entre otros) y dirigida por él mismo. La escena a la que me refiero cuenta una reunión de algunos generales de la División del Norte en la que se entrevistan telegráficamente con Venustiano Carranza, los primeros en Torreón, el segundo en Saltillo. ¿Cuáles generales? No lo recuerdo completamente. Había varios: Felipe Ángeles, Maclovio Herrera, Pancho Villa y estoy seguro que otros, tal vez Toribio Ortega. Y claro, el telegrafista. Precisamente de esto trata el capítulo 33, de dicha reunión.

En una escena de unos cuantos minutos, se muestra a un Pancho Villa llorando desconsolado por sus conflictos con Carranza, sus generales enchilados por la decisión de éste de remover a Villa del mando en jefe de la División del Norte, mientras Felipe Ángeles los mira y reflexiona. Escena acalorada, llena de movimiento, gritos, insultos (Maclovio Herrera ordena al telegrafista enviar el siguiente mensaje: "Señor Carranza: Me entero de su comportamiento para con mi general Villa. Es usted un hijo de puta. Maclovio Herrera"). Y pese a todo, tenía un toque cómico. No sé si esa era la intención del director. Probablemente los actores se apropiaron de la escena y la convirtieron en una fiesta. Aquello era realmente divertido. Recuerdo verla tras bambalinas acompañado de varios actores, la escena nos divertía incluso a los que participábamos. La escena terminaba con un último mensaje de Felipe Ángeles avisando que se iban a tomar Zacatecas mientras la escenografía giraba para mostrarnos a un espléndidamente caracterizado Venustiano Carranza, que hacía un gesto de desaprobación. En esta escena participaban los actores (¡ah, no recuerdo a todos!) Rodolfo Guerrero, Javier Robles, Manuel Chavez, Mauricio Ugalde, Joaquín Cosío, Horacio Ortega...

Por el contrario, el capítulo 33, obedeciendo al rigor histórico, es menos festivo aunque igualmente intenso. Nos encontramos a un Villa enfurecido, echando pestes, hablando de "colgar a ese viejo y a sus achichincles" y sin lágrimas (aunque como cuentan que era Villa, probablemente hubiera llorado, Taibo II no dice nada al respecto). Inicialmente la entrevista es entre Villa y Carranza. En un momento, Pancho (a secas, como de repente lo llama Taibo II) decide renunciar al mando de la división, llama a Felipe Ángeles y después se convoca al resto de los generales (por cierto, Maclovio Herrera no estaba en Torreón en ese momento, cuando se entera escribe el famoso mensaje que Paco Ignacio reproduce como "Señor Carranza: me entero de su comportamiento para mi general Francisco Villa. Es usted un hijo de mala mujer. Maclovio Herrera"). El autor concluye el capítulo con un comentario sobre la teoría de que Felipe Ángeles influyó en Villa para llegar a esta ruptura con Carranza. Según él, es una teoría que "no se sustenta en ninguna documentación, testimonio, carta o lo que sea".

Con todo esto, tenemos dos maneras de abordar un pequeño pasaje de la revolución mexicana. Ambas con un encanto bastante especial (el estilo narrativo de la biografía la convierte en una delicia para el lector). Si así nos enseñaran la historia, otra cosa sería.